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Víctor Manuelle

EL SONERO DE LA JUVENTUD
Por María Elena Piedra

 

Desde 1993, cuando lanzó su primera grabación, Víctor Manuelle se ha convertido en uno de los máximos talentos en el ámbito de la música tropical, por tener todo lo necesario a su favor: imagen, una maravillosa voz y el amor y la pasión por la música que hace latente en cada letra que canta o escribe. Los millones de copias vendidas de sus discos y las multitudes que copan sus presentaciones en vivo confirman lo que los expertos en música le auguraron al principio de su carrera: un paso sólido y contundente por el pentagrama de la salsa.


Víctor Manuel Ruiz Velásquez nació un 27 de septiembre en Nueva York, por accidente. Su mamá andaba de vacaciones y, de acuerdo con su calendario, todavía no le tocaba; pero Víctor ya tenía su destino marcado y quería adelantar los planes.
Cuando tenía dos años de edad, su familia se mudó a Isabela, Puerto Rico, donde no sólo se crió, sino que también descubrió su afinidad por la música, especialmente el canto. “Desde que era muy pequeño, siempre estaba metido en cualquier actividad artística, fuera musical o teatral, y hasta aprendí a tocar la trompeta para poder colaborar con las bandas locales”, nos dice.


En ese afán, fue miembro durante tres años del grupo Copa-ni, la banda juvenil del barrio, aunque lo que siempre marcó su interés fue la música tropical. “Mi tío oía rock, pero [ese género] nunca me llamó la atención”, asegura. “Sin embargo, le seguía los pasos a todas partes, porque él tocaba salsa en una orquesta de aficionados”. Víctor tuvo la suerte de que, desde temprano, sus padres reconocieron su deseo de hacer de la música una carrera, y lo apoyaron en todo lo que pudieron.


A los 16 años entró como vocalista en Ramón y Su Nuevo Concepto, “la ‘orquestita’ de un primo”, como la llama con una sonrisa. Pero nunca imaginó que el mejor regalo que recibiría el día de su graduación se lo daría él mismo cuando, animado por sus compañeros -que estaban celebrando la ocasión-, fue convencido de subir a la tarima y de cantar nada menos que al lado de Gilberto Santa Rosa, el reconocido Caballero de la Salsa.


Gentilmente, Gilberto le permitió el micrófono; y quedó tan sorprendido por la habilidad y el talento del osado chico, que decidió apadrinarlo. Se lo recomendó a Don Perignon, orquesta con la que, como cantante, Víctor empezó su carrera profesional. En un género de continua efervescencia, pero que se caracteriza por acunar el trabajo de grandes figuras, trabajó más tarde como corista para varias de estas estrellas, como Domingo Quiñones, Rey Ruiz, Cheo Feliciano y Tito Allen, entre otros.


Notando que en el mercado existía un espacio libre para un joven salsero que luchara y honrara el tradicional arte del ‘soneo’, Santa Rosa intercedió nuevamente y se lo presentó a los directivos de Sony Tropical, sello disquero para el que él grababa, y dicha empresa firmó al joven cantante en 1994.


Su primera producción musical, Justo a tiempo (1993), le permitió entrar con pie derecho en la industria. El álbum contó con el apoyo de su padrino Santa Rosa, y sus coristas formaron un elenco de todos-estrellas: Tony Vega, Tito Allen y Adalberto Santiago. “Imagínate, con veintitantos años y tener a estos nombres en mi primer CD. Era como un sueño”, recuerda el cantante.


Así y todo, no fue hasta su segunda producción, Sólo contigo (1994) -de donde pegó Apiádate de mí, tema del panameño Omar Alfanno-, que se le abrieron las puertas internacionales, especialmente en Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Panamá y, por supuesto, los Estados Unidos. Ese mismo disco marcó su debut como compositor con otro éxito: Voy a prometerme.


En 1996 grabó su tercer disco, Víctor Manuelle, con el que le dio una vuelta total al estilo de sus dos producciones anteriores, tanto en los temas como en su forma de cantar. Cuando a raíz del lanzamiento del trabajo le preguntamos la razón del cambio, nos respondió que el público siempre le decía que en las grabaciones no se escuchaba lo que él hacía en el escenario. “En vivo, yo cantaba mambos e improvisaba con la gente”, dijo. “Fue entonces que me junté con Sergio George y le expliqué que quería una producción más rítmica que me permitiera ‘sonear’. Así se definió el compacto y, al mismo tiempo, lo que ahora es Víctor Manuelle”.


En esa grabación todo salió perfecto: los temas, la orquestación, los arreglos, la producción, los coros y, más que nada, su facultad para improvisar. En un solo disco, Víctor Manuelle logró algo inaudito: que todos los cortes fueran éxitos. Y estos éxitos fueron Pensamiento y palabra, de Luccio Batisti/Wilkins; Hay que poner el alma, otro ‘hit’ de Omar Alfanno; Ahora me toca a mí, de Johnny Ortiz; Como una estrella, de Alejandro Jaén; Todo quedó, quedó, de Jorge Luis Chacín; Sin querer queriendo, de Pedro Azael, y Volverás, de Manny Delgado.


Por cierto, escogió este último tema porque siempre lo escuchaba en su casa mientras su mamá limpiaba. “Ella tenía casi todos los discos de Los Terrícolas, un grupo que siempre me ha gustado mucho”, comenta. Anecdóticamente, Víctor recuerda que en una reunión con Marc Anthony, él le presentó el tema Hasta ayer –del mismo conjunto venezolano–, y el resto es historia.


Acerca de sus influencias musicales, Víctor acredita a la música cubana, de la cual siempre ha sido fanático. “Mis favoritos son el gran Beny Moré y Marcelino Guerra, y de la nueva generación, Manolito y su Trabuco, Adalberto Alvarez e Isaac Delgado, entre otros”, comenta. Y éste es un legado que se hace notar en sus producciones.


Para cualquier artista –y especialmente para un cantante–, seguir una gran grabación con otra del mismo nivel es casi imposible. En el caso de Víctor Manuelle, su siguiente producción, A pesar de todo, no sólo lo logró, sino que lo situó entre las figuras más brillantes del género. He tratado fue el ‘hit’ del año, y hasta ahora se sigue tocando en las discotecas. Inclusive, Víctor tiene una versión de ese tema a dúo con Gilberto Santa Rosa.


Le preguntamos cómo aprendió a ‘sonear’, y nos dice: “Yo creo que uno nace con eso. Recuerdo que desde chiquito, cuando escuchaba alguna canción, le cambiaba la letra y me imaginaba ‘soneando’ con Rubén Blades, Oscar D’León y Gilbertito, entre otros”. El ‘soneo’ –basado en las improvisaciones de los antiguos cantantes de sones montunos– es una de las partes más difíciles de cultivar, y Víctor Manuelle llegó en un momento en el que, aunque hay muchos cantantes, quedan muy pocos ‘soneros’. Esa extraordinaria facultad de improvisar “en el aire” fue rápidamente reconocida por sus compatriotas, quienes lo convirtieron –como lo bautizara Santa Rosa– en ‘El sonero de la juventud’.


Su siguiente grabación, Ironías (1998), lo consagró con temas como Se me rompe el alma, de Gil Francisco, y Qué habrá sido de mí, de Omar Alfano, con más de medio millón de copias vendidas. A ese le siguió Inconfundible (1999), título que lo describe estupendamente. Esta grabación acoge diez temas de diferentes compositores, eras y naturalezas, como Bella sin alma, canción que haría famosa el cantautor italiano Ricardo Cocciante, y Cómo quisiera decirte, balada popularizada por Los Angeles Negros. Entre los temas inéditos se incluyeron Cómo duele y Cuando tu amor se acabe, del español Alejandro Jaén, y Pero dile, compuesta por el propio Víctor. Por cierto, en esta ocasión, otro de sus créditos es que fue el primer artista del género tropical en lanzar una producción totalmente interactiva. A Inconfundible le siguieron Instinto y deseo (2001) y Le preguntaba a la luna ( 2003), placa con la que fue reconocido con nominaciones para un Grammy anglosajón y para un Grammy Latino.


Su gran capacidad como improvisador –amigo de las décimas– fue demostrada en el funeral de Celia Cruz, llevado a cabo en la catedral de San Patricio, cuando erizó la piel de los presentes con su rendición a capella de La vida es un carnaval, algo que repitió en el tributo a Celia del Grammy Latino durante el año pasado, junto a Gloria Estefan y Marc Anthony. Víctor también fue el invitado especial de la Casa Blanca como parte de las celebraciones del Mes de la Herencia Hispana en los Estados Unidos.


El año pasado, lanzó Travesía (2004), quizás su producción más ambiciosa, compuesta por 12 temas hechos en colaboración con el productor Emilio Estefan. Víctor explica que “queríamos buscar una manera de llegar a otros mercados sin olvidarnos de la gente que conoce y ha apoyado mi carrera todo este tiempo, porque yo creo que mi música no debe limitarse a un segmento de Latinoamérica. Pienso que es importante que sea escuchada de igual manera en otros mercados a nivel internacional”.


Para lograrlo, el primer sencillo correspondiente a esta producción lleva por título Tengo ganas, que en sus versiones de salsa y balada ha dejado una profunda huella en el mundo de la música latina. De la autoría de Víctor Manuelle y Emilio Estefan, el tema demuestra la madurez y la fuerza que ha desarrollado el ‘sonero’ como compositor. En Travesía, Víctor y Estefan se dieron a la tarea de combinar el estilo tan propio del cantante con elementos de la balada pop, el ritmo tropical, los aires brasileros y el reggae-pop. Uno de los temas, Yo te daré, fue cortesía de su buen amigo Carlos Vives.
Su más reciente producción discográfica fue grabada en vivo y titulada Víctor Manuelle en vivo: desde el Carnegie Hall. Registrado en directo durante el concierto que el artista ofreció el 8 de octubre del 2004 en el escenario neoyorquino, el álbum también incluye dúos con Gilberto Santa Rosa en el tema Si te dijeron y con Héctor Ruiz, su hermano, en la canción Lo que no fue no será.


“Lo convencí de cantar conmigo porque es algo que quería hacer desde hace mucho. Mi hermano siempre ha cantado y compone música, pero no lo escogió como carrera. Fue importante cantar juntos, como lo hemos hecho en fiestas familiares toda la vida, porque la admiración es mutua”, comentó el cantante durante una conferencia de prensa. Gracias a esa presentación, los padres de ambos no sólo vieron cantar juntos a sus hijos, sino que recibieron una gran sorpresa al escuchar la canción Vivo orgulloso, tema que el mismo Víctor escribió en su honor.


De hablar pausado y tranquilo, Víctor Manuelle se transforma totalmente cuando se sube al escenario y le transmite todo su ritmo y energía al público presente. Con su grito de guerra, el peculiar “eeeeeeeehhhhhh”, el artista le da inicio a esos ‘soneos’ que enloquecen a los presentes. Se trata, definitivamente, de uno de los pocos artistas latinos que suenan mejor en vivo que en los discos; y si nunca han escuchado al ‘Rey de la Improvisación’ en directo, no se pierdan la oportunidad. Por cierto, además de ser extremadamente popular como cantante de salsa, también ha demostrado su talento como actor en el drama puertorriqueño televisivo En el ojo del huracán.


Aparte de su música, su vida personal ha ocupado varias páginas. Su romance con una conocida locutora radial de Miami -que tuvo como fruto un hijo que él reconoció-, aparte de ser muy sonado, le causó el divorcio de la que era entonces su esposa. Ahora, soltero, está encantadísimo con su nuevo amor, la bella actriz puertorriqueña Roselyn Sánchez, aunque no le gusta abundar en esos temas. “Se pierde privacidad, pero eso es parte de lo que sucede cuando se decide tomar esta carrera”, señaló quien sabe defenderse muy bien de preguntas solapadas.


Su pinta de galán lo puede hacer pasar como estrella de cine o de rock, pero es un salsero de corazón. Su talento está más que probado en el tradicional género, lo que le ha valido el respeto de sus colegas. Y a pesar de que se sonroja ante la mención, lleva consigo el sello de símbolo sexual.

 

 

 

 

 

 

       
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